jueves 28 de enero de 2010

El color que cayó del cielo.

En los últimos meses me he aficionado bastante a la literatura de H. P. Lovecraft. Anoche mismo leí el relato titulado El color que cayó del cielo (The colour out of space).

En este relato se cuenta la historia de la maldición de la familia Gardner, después de que un meteorito caiga sobre los terrenos de su granja en las afueras de la ciudad de Arkham. Cuando Nahum, el cabeza de familia, acude a la ciudad en busca de ayuda de los científicos, un grupo de geólogos de la universidad de Miskatonic se desplaza hastala granja a examinar el extraño suceso.

Habiendo obtenido una muestra generosa de material, comienzan sus investigaciones, y se encuentran con una sorpresa mayúscula: Al examinar la piedra en el espectroscopio, obtuvieron un espectro con colores desconocidos, y diferentes a cualquiera del espectro normal. A lo largo de la historia, el color va inundando la zona donde el meteorito ha impactado, y siempre va asociado a sucesos nefastos, y se refieren todo el tiempo a él como algo indescriptible, un color desconocido y misterioso. "El color, parecido al de las bandas del extraño espectro del meteoro, era casi imposible de describir; y sólo por analogía se atrevieron a llamarlo color", o "no correspondía a ninguno de los matices que el ojo humano había visto hasta entonces".

En el asunto del color es del que me voy a ocupar, pues abandona la fantasía para pisar terreno científico. Para empezar, si se le puede llamar color, es imposible que no responda a ninguna definición, del tipo “marrón grisáceo tirando a azul anaranjado”, por ejemplo. Yo personalmente durante toda la lectura me lo imaginé como un rosa pálido con matices verdes de aspecto enfermizo, pero esto ya es cosa del lector. Podeis crear fácilmente combinaciones en RGB desde varios sitios de Internet, y os apuesto una cerveza a que no encontráis ninguno que no se pueda describir.

De cualquier manera, si se percibía como un color tenía que ser necesariamente porque excitase los conos situados en el ojo, encargados de recibir luz y reaccionar ante las distintas frecuencias. Estas frecuencias tienen que estar necesariamente dentro del espectro visible, y por tanto ser un color como máximo increíblemente extraño y nunca antes observado, pero en ningún caso imposible y ajeno a la comprensión humana.

También se comenta con sorpresa de los científicos el hecho de que el meteorito vaya reduciendo su tamaño progresivamente, y achacan esto a que el material que lo forma, completamente desconocido e impasible ante la aplicación de cualquier ácido, se vuelve voluble al entrar en contacto con el vidrio, debido al sílice que el vidrio contenía. Investigando al respecto no he encontrado nada que ratifique ni contradiga la posibilidad de que esto ocurra, aunque supongo que no he investigado lo suficiente. Si alguien lee esto, por favor, que me ilustre al respecto porque no tengo NPI del asunto.


Una lectura altamente recomendable, la historia más escalofriante que recuerdo haber leído, y según la wikipedia (vaya usté a fiarse, aunque personalmente creo que es verdad) uno de los mejores cuentos de horror de todos los tiempos.


Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn (otra cerveza para el que me lo recite).

viernes 15 de enero de 2010

Verde, que te quiero verde.



El otro día echaron en la 1 la película La Búsqueda, protagonizada por Nicolas Cage y una chica muy mona que al final termina enamorándose de él, para darle así un toque de originalidad a la película.

El caso del que me voy a ocupar, es el método que utilizan para sacar la declaración de independencia de su urna y así poder robarla. Para hacer saltar la alarma térmica del recipiente, apuntan al sensor de temperatura con un láser verde, pero para estar seguros de que este método va a funcionar, practican primero con un termómetro de alcohol. En una escena, se ve como la temperatura del termómetro aumenta entre 5 y 10 grados en pocos segundos que dura la escena, casi se podría decir que los aumenta instantáneamente.

Con el calor específico del alcohol, 2,5 J/gr°C, voy a calcular la energía necesaria para subir cierto número de grados su temperatura aplicando la fórmula que se puede ver en este enlace. Voy a suponer que la masa son 10g de alcohol, y el incremento de temperatura son 7 grados. Obtengo una energía necesaria de 175 Jules. No parece demasiado. Ahora comprobaré si es coherente que este aumento de temperatura ocurra en un periodo de tiempo tan corto, apenas 5 segundos.

Consultando en Internet, encuentro que los láseres verdes comerciales tienen potencias de entre 5 y 500 mW. La potencia es trabajo partido de tiempo. Sin más que dividir, vemos que la potencia necesaria para aumentar la temperatura del alcohol 7 grados en 5 segundos es de 35 W. Nada que ver con las potencias que un láser puede proporcionar. Con una potencia de 500mW, en 5 segundos conseguiríamos aumentar la temperatura en solamente 0,1 grados. Para conseguir los 7 grados que se ven en la película, deberíamos enfocar el haz hacia el termómetro durante nada menos que 350 segundos, casi 10 minutos ahí dándole.

Poniéndonos en el caso más desfavorable de que el puntero que utilizan sea de 5mW, tardarían 100 veces más, 35000 segundos, 9 horas largas, casi 10, y en 5 segundos no aumentará la temperatura de manera significativa, solamente una miserable milésima de grado.

En cualquier caso, Nicolas Cage parece ser una especie de semidiós en esta saga de películas, seguro que él puede conseguir un láser capaz de dar esos 35W, e incluso más.


El Láser más potente del mundo ya está funcionando
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jueves 14 de enero de 2010

Texasteroides y mareas oceánicas.

En esta actualización, voy a ocuparme de la película Armageddon, dirigida en 1998 por Michael Bay. Calcularé la intensidad del campo gravitatorio producido por el asteroide protagonista del filme, y lo compararé con los campos lunar, y solar, para ver si afectaría de forma notable a las mareas.

Aplicaré la sencilla fórmula para calcular la gravedad asociada a una masa, es este caso 1e21Kg. Con ella, calculo el campo que el Sol ejerce sobre la tierra, que resulta tener un valor de 5,93e-3. Haciendo lo mismo para la Luna, el valor que valor es considerablemente menor, 3,33e-5. Si lo calculo para el Texasteroide de la película, estimando que está a la misma distancia que la luna, 380.000Km (en algún momento de la película parecen decirlo), obtengo el valor aún más pequeño de 7,01e-13. No parece que el efecto sobre las mareas vaya a ser algo a tener en cuenta.

Consultando la página de Física con el ordenador de la universidad de País Vasco, encuentro un apartado interesante que me ayudará a calcular los efectos sobre las mareas que tendrá el Texasteroide.

Así, con lo que esta página explica, calculo que el cambio de altura que experimentará el nivel oceánico es de apenas 5 milímetros. Nada apreciable, teniendo en cuenta que los mismos cálculos para el Sol y la Luna me dan valores de 25 centímetros en el primer caso, y de 54 centímetros en el segundo.

Ahora calcularé para terminar a qué distancias la amplitud de la marea del asteroide sería equivalente a las del Sol y la Luna. Despejando de la fórmula que he venido utilizando, y sustituyendo los datos, obtengo que para una distancia de 74.000 kilómetros, las mareas provocadas serán iguales en amplitud a las de la Luna, e iguales a las del Sol para una distancia de 97.000 kilómetros. Si considero que el Texasteroide ha pasado rozando la Tierra y por tanto la distancia es 0, obtengo mareas de nada menos que 1 kilómetro de amplitud, devastadoras en cualquier caso.



Yippee-ki-yay, asteroide.

All glory to the hypnotoad (relativamente)


Tras mi última entrada y su gran aceptación, analizaré el viaje de la nave de Planet Express entre Tierra y Luna, esta vez teniendo en cuenta los efectos relativistas, apreciables al ser la velocidad de la nave próxima a la de la luz. Consideraré que la velocidad que se observa desde la Tierra son los 0,64c que había calculado anteriormente para simplificar los cálculos, aunque no sea exactamente así.

Me centraré concretamente en la contracción espacial, y la dilatación temporal (es todo lo que mis conocimientos hasta la fecha puedes ofrecer). Estos dos fenómenos consisten, respectivamente, en la medición de distancias menores, y en la toma de tiempos mayores, a velocidades comparables a la de la luz.

Aplicando las transformaciones de Lorentz, podemos deducir con relativa facilidad, que la distancia recorrida que desde el sistema de la nave se observa se calcula dividiendo la distancia que se observa desde la tierra entre el factor de Lorentz.

Así, calculamos que lo que para el Doctor Zoidberg que se ha quedado en la Tierra es un viaje de 384.000 kilómetros, para el cuentakilómetros de la cosmonave han sido solamente de 295.000 kilómetros. Maldición, así no hay manera de hacerle el rodaje a un cacharro de estos…

Por otra parte, el tiempo tampoco transcurre de igual modo a tales velocidades. Tomando los dos segundos que Fry ha medido desde el sistema de la nave, con las transformaciones de Lorente obtengo que el tiempo del viaje, medido desde la Tierra es de 2,60 segundos.

La masa de la nave también varía por culpa de los efectos relativistas. Si suponemos para la nave una masa de 200Tm, aplicando esta fórmula obtengo que la masa aparente de la nave es ahora de 260Tm.

Como podemos observar, los efectos relativistas son apreciables. Sin embargo, como consecuencia de que la velocidad de la luz sea la máxima alcanzable, si aplicase estas mismas transformaciones al viaje en el que la nave recorre el universo a una velocidad mayor que la luz, obtendría resultados imaginarios para la masa, la distancia y el tiempo. Incluso teniendo en cuenta la posible utilización de velocidades warp, el viaje sería imposible, pues la velocidad alcanzada es demasiado grande.

Seguramente el profesor Farnsworth puede conseguir que la nave viaje a cualquier velocidad, pero tendremos que esperar hasta el año 3000 para preguntarle…

sábado 9 de enero de 2010

Vida y obra del doctor Ray G. Hooker 3

Cuando doce de los hombres del pueblo, todos ellos jóvenes sanos y robustos, no sufrieron ningún rechazo ante el compuesto creado por el doctor, Ray Hooker decidió que no era necesario inocular a más gente, y comunicó a los habitantes que las medicinas se habían acabado y nadie más podría recibir el fármaco para combatir la pulmonía, pero que sin embargo había decidido instalarse definitivamente en el pueblo que con tanta gratitud le había acogido, ignorante de sus experimentos en pos de la inmortalidad.

Comenzó así un largo periodo de seguimiento de los que se habían convertido sin saberlo en los conejillos de indias del perturbado científico. Los años pasaban para el doctor, no tan envejecido por la edad como por el esfuerzo físico y mental al que se sometía durante sus investigaciones, que apenas conservaba un mínimo vestigio de la densa melena negra que había lucido en sus primeros años de facultad antes de sentar la cabeza, mientras que en sus ojos devorados por las arrugas se había extinguido completamente el recuerdo de aquel jovencillo que se ganó el respeto de compañeros y profesores por su brillantez. Y sin embargo, pese a su locura, su genialidad permanecía intacta. Con el paso de los años, pudo observar que por fin sus experimentos habían dado resultados positivos. Mientras todos los lugareños envejecían, siete de los jóvenes que habían aceptado el tratamiento no mostraban signos de los años que habían pasado por ellos, y los otros cinco habían fallecido en diferentes circunstancias, pero nunca por causas relacionadas con el compuesto de nisemonina creado por el doctor Hooker.

Fue entonces cuando el científico, que se había ocultado tras una cortina de cordura y amabilidad que le había granjeado la amistad de casi todo el pueblo, convocó a los siete hombres a una reunión privada en su casa. Ante las atónitas miradas del grupo de campesinos ignorantes que había sentados a su alrededor, Ray Hooker expuso con pelos y señales los detalles de su fórmula. El desconcierto en los ojos de sus invitados divertía al doctor, mientras les contaba cómo bajo una ligera dosis de radiación gamma y tras haber añadido agua pesada como catalizador, un campo magnético poco más potente que el terrestre iniciaba una reacción que volvía la molécula soluble en sangre, de manera que al inyectarla se esparcía por todo el cuerpo cubriendo las membranas plasmáticas y deteniendo de este modo la mitosis, y la muerte celular. También les explicó cómo comenzaron sus experimentos, sus ambiciones y sus fracasos. Por último, les explicó que ahora no morirían con el paso del tiempo, salvo que alguna fatalidad tal como una enfermedad o accidente se los llevase, y les expresó su deseo de presentarlos ante la comunidad científica en la universidad que le había visto crecer como científico para terminar dándole de lado y tratándolo como a un lunático.

Las reacciones de los hombres fueron muy dispares. Dos de ellos reaccionaron violentamente contra el doctor, pero fueron reprimidos rápidamente por los otros cinco asistentes a la reunión, y abandonaron la casa aún enfadados por haber sido engañados, pero pacíficamente. De los cinco restantes, tres se mostraron profundamente agradecidos por el don que se les había concedido, aunque escépticos, pero declinaron comparecer en público por miedo a las repercusiones sociales. Los dos individuos restantes se mostraron emocionados, y se comprometieron a acompañar de buena gana al ya cincuentón Ray Hooker a la presentación es sociedad del magnífico, poco menos que escalofriante descubrimiento destinado a revolucionar los cimientos de la ciencia.

Su llegada a la ciudad de Arkham levantó cierto revuelo entre los vecinos más ancianos, que aún reconocían el rostro del Loco Hooker a pesar del paso de los años. El doctor no pudo evitar una sonrisa al ver por el barrio al viejo gato de los West, tumbado en el mismo escalón donde solía descansar casi treinta años atrás, cuando Hooker abandonó la ciudad.

Cuando pidió audiencia con el rector de la facultad, los más veteranos no daban crédito, jamás hubiesen esperado volver a ver al que un día fue un joven sobresaliente con ideas sobresalientes.

Y allí estaban, el rector de la universidad de Miskatonic, compañero de promoción de Ray G. Hooker, el propio Ray, y los dos hombres, el éxito de una vida a los ojos del Loco Hooker, pueblerinos ignorantes y falsarios a ojos del rector. Pero no había duda, todas las pruebas de tejidos que se les tomaron a los dos individuos mostraban en sus células las mismas cualidades que aquellas plantas encontradas décadas atrás en lo más profundo de la selva amazónica. Y no podía ser, no era admisible. Hay avances que la humanidad no está preparada para asumir con responsabilidad, y este era sin duda un claro ejemplo de ello.

Nadie echó de menos a Ray G. Hooker cuando desapareció repentinamente tras reaparecer con aquellos pueblerinos y pulular por la facultad unos días. Nadie volvió a preguntar por él, porque realmente a nadie le interesaba aquel hombre que un día fue la mayor promesa de la facultad de ciencias naturales de la universidad de Miskatonic, en Arkham. Y los muros de la universidad guardaron durante largos años el secreto del descubrimiento del Loco, mientras que un grupo de hombres abrumados por la locura se suicidaban juntos en una olvidada aldea oculta en las profundidades de Rhode Island.

Y el gato de los West sigue sentado, descansando es su escalón.